Clubhouse: la app que toma casi todo y brinda casi nada

Por Gabriel Sánchez Sorondo

Clubhouse está diseñada exclusivamente para la voz, en esta app, el recurso de la escritura no existe.

Clubhouse está diseñada exclusivamente para la voz, en esta app, el recurso de la escritura no existe.

No admite imagen ni texto ¿Presenta  algún diferencial real? ¿Quiénes la crearon y por qué la impulsan? A juzgar por la avalancha de publinotas que subrayan su hipotética exclusividad reforzada por el hecho de estar disponible sólo en dispositivos de Apple, Clubhouse pareciera no tener mucho más para ofrecer. Sin embargo, la estrategia comunicacional que la promueve apela a reformular esas propias limitaciones como virtudes.

¿Qué hay de viejo, nuevo?

Sobran aplicaciones y redes sociales para participar en salas de debate compartimentadas por temas: Twitter, Slowly, Debatekeeper, Android forums, Tapatalk, Blackboard, grupos de Wassap, Forumfree, XDA, Topic, son apenas algunas. 

Aunque, claro, la mayoría supera la opción restrictiva de Clubhouse: no están diseñadas excluyentemente para la voz; suelen incluir la posibilidad de debatir redactando, exponiendo textualmente argumentos fruto de una mínima reflexión previa, aun en tiempo real.

En Clubhouse el recurso de la escritura no existe: por eso sus creadores  han encontrado un nicho, precisamente en quienes tienen dificultad para expresarse por escrito, pero en cambio se sienten hábiles para la respuesta oral instantánea. A ese público apelan los creadores, apelando a la oferta de “pertenecer” a cierto mundo ajeno, rutilante, esplendoroso.

Síganme, no los voy a defraudar

Elon Musk, uno de los hombres más rico del planeta con casi 200.000 millones de dólares, es uno de los usuarios vip de la aplicación.

Elon Musk, uno de los hombres más rico del planeta con casi 200.000 millones de dólares, es uno de los usuarios vip de la aplicación.

A la promesa de exclusividad, Clubhouse suma elementos de apariencia invencible. Leemos por allí que es “la aplicación elegida por Elon Musk”.

En efecto, hace apenas días, el 1° de febrero pasdo, el megamillonario pronunció una conferencia vía Clubhouse para más de 5000 oyentes. Allí, como todo empresario, Musk desplegó y traccionó, sus inversiones: Tesla, Neuralink, Bitcoin, Marte (un objetivo comercial ya explícito del magnate sudafricano, que en enero, segun Bloomberg Billonaire, era el hombre más rico del mundo). Enfatizó entonces las bondades de sus piezas y futuras conquistas a sabiendas de que no sólo el qué de nuestro gesto sino el medio por el cual lo transmitimos hace esencialmente al mensaje. En suma; no sería de extrañar que Elon tenga también intereses en esta aplicación emergente que usó para su show comercial.

“Clubhouse, la app para la élite” titula “El Confidencial” de España, e infla la burbuja mencionando a Mark Cuban (dueño de los Dallas Mavericks, equipo de la NBA), Jared Leto y Ashton Kutcher como algunos de sus reputados miembros. Por su parte, la revista Vouge agrega otras deidades: Drake el rapero, Oprah Winfrey, Virgil Abloh, Kevin Hart, Tiffany Haddish, Jodie Turner-Smith y Chris Rock.

De Marshall a Groucho ¿ser famoso, pero siendo como cualquiera?

El actor Ashton Kutcher es otro de los famosos que eligen Clubhouse.

El actor Ashton Kutcher es otro de los famosos que eligen Clubhouse.

El marketing de Clubhouse desnuda un paradigma de este tiempo, una trampa moral: hay que entrar allí donde están “esos pocos privilegiados” para salir del vulgar colectivo al que pertenecemos. Medio y mensaje conjugan un caso prototípico de lo que  el canadiense Marshall McLuhan señaló hace ya casi cincuenta años. Allí está “la exclusividad” en canal y contenido, con toda su potencia persuasiva instigándonos a desear, a adorar al becerro de oro.

“¿Cómo conseguir una invitación hoy?” (“How to get am invite today?”) es un slogan de Clubhouse Pero ¿invitación a qué? ¿A participar de grupos temáticos de chat con notas de voz?

Como se ha dicho, eso no es novedoso.  Entonces, nos repreguntamos, googleamos y leemos:

“Uno de sus grandes atractivos y por lo que se ha popularizado tan rápido Clubhouse es por su exclusividad,” pontifica el artículo del website español eleconomista.com, naturalizando un razonamiento confuso, particularmente a la luz de lo que leemos después: “Mientras continúa ganando adeptos, Clubhouse ya ha filtrado que está preparando su llegada a dispositivos Android (por ahora sólo corre en iOS) así como la alternativa de que en un futuro a corto plazo elimine las invitaciones, abriendo sus puertas a todo aquel que se baje la aplicación”, confiesa el redactor del website ibérico, ya sin disimulo.

Entonces, parafraseando a Groucho Marx: ¿Para qué ser otro socio “exclusivo” de un club que me admite a mí? O, peor aún, que acabará admitiendo a cualquier hijo de vecino.

Experiencia de usuario

La aplicación está valuada hoy en unos 1.000 millones de dólares.

La aplicación está valuada hoy en unos 1.000 millones de dólares.

El paso uno es bajar la aplicación, introducir nombre, número de teléfono, y recibir el código por mensaje de texto para reservar un nickname (en nuestro caso @gperezss) Quedamos así “en lista de espera” y sendas pantallas nos avisan haber reservado el nickname y el turno para confirmarnos como usuarios llegado el momento, si es que nos invitan.

Entonces, sí será la hora de crear un perfil, completando los habituales formularios de datos propios, agregar una foto cualquiera (única imagen) y permitir el acceso a nuestra lista de contactos para ver si alguien ya es participante en algún debate para interactuar con él, si nos interesa.

Queda entonces elegir a quiénes seguir y seleccionar las listas temáticas de nuestros interés (negocios, libros, salud, música, cine, sexualidad, política, etcétera). El ingreso a salas de conversación se amplía a medida que, al expresarnos, brindamos –como siempre en la web– información sobre nuestros hábitos de consumo.

Por default, se es “oyente” hasta tanto pretendamos decir algo. En tal caso, hay un botón para “levantar la mano” y exponer. Cada sala cuenta con un moderador que puede silenciar a quien viole el protocolo habitual (no racismo, no violencia, no sexismo, etcétera) o dar por terminado un debate cuando lo considere oportuno. Además de participar en los debates grupales, el usuario puede crear salas temáticas, interactuar en privado con quienes elija y abrir un grupo privado. 

La novedosa antigüedad

A la luz de todo lo expuesto, resulta evidente que Clubhouse es otro Caballo de Troya con más para quitarnos (nuestros datos, con destino de algoritmos) que para ofrecer un servicio ya existente en varias plataformas.

En su target aspiracional existe, además,  el subgrupo que representa una demanda cautiva: el aspirante a influencer. En Argentina, son más de un millón: segundo país latinoamericano en ese ranking después de Brasil y antes que México. Sobre la tabla rasa de este emergente escenario oral internético, los atribulados desconocidos que busquen probar suerte tienen aquí otra plaza casi virgen; una nueva liga para tan competitivo gremio.  

Los inversores

Los creadores de Clubhouse: Rohan Seth y Paul Davison.

Los creadores de Clubhouse: Rohan Seth y Paul Davison.

En mayo de 2020, con menos de un mes de vida y apenas mil usuarios, Clubhouse, creada por Paul Davison, empresario de Silicon Valley, y Rohan Seth, ex empleado de Google, recibió 12 millones de dólares en concepto de financiación por parte de la firma de capital de riesgo Andreessen Horowitz. Dicha inyección se realizó a través de Alpha ExplorationCo  (la sociedad conformada por Davison y Seth).

Todo suena un poco offshore y con razón: Alpha ExplorationCo es apenas un link que redirige a la app store de Apple. Allí, Clubhouse exhibe más de 240.000 halagadoras reseñas que la ubican en puntaje 4,9: “Permítanme comenzar diciendo que esto es, de lejos, lo más emocionante que he experimentado con una nueva red social desde que Instagram entró al ring”, comentó, por ejemplo, un tal Jacket Coatman el 7 de enero de este año.

¿Qué obtiene Clubhouse de nosotros? Lo de siempre: información acerca de nuestros consumos. Pero no precisamente del de personas “exclusivas”: la que vale es la de los miles de millones de internautas comunes que, con la sola navegación, revelamos nuestras preferencias de consumo, nuestro idioma, nuestro lugar de origen y residencia, nuestra capacidad de pago, la constitución de nuestras familias, nuestras ambiciones, debilidades  y virtudes. Eso, multiplicado por miles de millones, es el oro en polvo tan deseado, el core del negocio.

Aunque según publicaciones especializadas como Hypernoir.com el valor actual de Clubhouse asciende a 1000 millones de dólares y tiene más de 180 inversores, la app no figura entre los 10 primeros puestos de los rankings consultados online por este cronista al 10 de febrero de 2021.

Está por verse cuál será su desempeño en el mercado hispanoparlante: una presa atractiva, considerando que el español es la segunda lengua materna más hablada del planeta (7,8% de la población mundial) con 480 millones, después del chino mandarín (918 millones) y antes que el inglés (379 millones).
 
Acaso Clubhouse resulte finalmente un éxito y acabe endosándonos –nos estamos acostumbrando a ello– algo que nosotros mismos, en nuestro cándido desconocimiento, ignorábamos necesitar.

Entradas relacionadas

Deja tu comentario