Y un día Zubeldía se fue de Estudiantes

Con Zubeldía, Estudiantes rompió la hegemonía de los cinco clubes grandes, al obtener el torneo Metropolitano 1967.

Con Zubeldía, Estudiantes rompió la hegemonía de los cinco clubes grandes, al obtener el torneo Metropolitano 1967.

Un día de hace medio siglo Osvaldo Zubeldía se desvinculó de Estudiantes y además de haber sellado la era más luminosa del club platense estableció un verdadero hito en la historia del fútbol argentino.

El viernes 5 de marzo de 1971, 48 horas de iniciarse el Torneo Metropolitano, una serie de desavanencias con la comisión directiva forzó la renuncia del entrenador juninense después de seis años y dos meses de singular suceso.

Al mando de Zubeldía, Estudiantes rompió la abrumadora hegemonía de los cinco clubes grandes de la Argentina que hasta entonces se habían repartido absolutamente todos los campeonatos regulares de la era profesional instaurada en 1931.

Tras terminar quinto en 1965 y séptimo en 1966, el equipo albirrojo ganó el Torneo Metropolitano de 1967 a expensas del célebre Racing de Juan José Pizzuti que ese mismo año sería campeón de la Copa Libertadores y de la Copa Intercontinental.

En condición de pionero, primer equipo denominado “chico” en dar una vuelta olímpica en Primera, el Estudiantes de Zubeldía dio otro gigantesco salto de calidad en 1968, cuando ganó su primera Libertadores (a Palmeiras de Brasil, en el Centenario de Montevideo) y la Intercontinental en el legendario estadio de Old Trafford frente al poderoso Mancester United de los ingleses Bobby Charlton y Nobby Stiles, del escocés Denis Law y del irlandés George Best.

Entre el 69 y el 70 se sumaron tres títulos más, la Copa Interamericana ante Toluca de México y dos Libertadores, con Nacional y Peñarol de Uruguay, en ese orden, como derrotados, lo cual convirtió a Estudiantes en el primero en quedarse con la máxima competencia sudamericana de clubes en tres ediciones consecutivas.

La dorada etapa de Zubeldía en Estudiantes constó asimismo de cuatro subcampeonatos: el Nacional del 67, el Metropolitano del 68 y la Intercontinental del 69 y el 70.

Zubeldía se había iniciado como director técnico entrado los años 60s e incluso antes de colgar los botines: durante un tiempo los sábados jugaba para Banfield en Primera B y los domingos dirigía a Atlanta en Primera A.

En la entidad de Atlanta armó una destacada formación en la que entre otros promovió al arquero Hugo Orlando Gatti y al goleador Luis Artime y después de alejarse de Estudiantes el 5 de marzo de 1971 se hizo cargo del plantel de Huracán, donde no le fue demasiado bien, tampoco en Vélez y en Racing, pero sí en el San Lorenzo de Almagro que ganó el Torneo Nacional del 74.

Radicado en Colombia, en 1981 condujo al título a Atlético Nacional de Medellín, ciudad donde murió a los 54 años víctima de un infarto el 17 de enero de 1982.

La impronta de Zubeldía marcó toda un periodo en el fútbol argentino por su apego al llamado “laboratorio” (junto a su amigo Argentino Geronazzo escribió el libro “Táctica y Estrategia del Fútbol”), pretemporadas exigentes, entrenamientos de doble o triple turno, minucioso estudio de los rivales de turno, sistematización de las jugadas de córner y de tiro libre y presión sostenida en toda la cancha (delanteros como primeros defensores, infrecuente para aquellos años), no exenta del brillo que en Estudiantes en particular marcaron los talentosos Raúl Madero, Eduardo Luján Manera, Eduardo “Bocha” Flores y Juan Ramón Verón.

Sin embargo, a guisa de un fútbol considerado ajeno al lirismo, desentendido de premuras estéticas y satanizado por la oscura y desdichada noche con Milan en la Bombonera (octubre del 69, exceso de pierna fuerte y violentos descontroles emociones de algunos futbolistas), buena parte de la comunidad futbolística y del periodismo especializado consideró Zubeldía un mero cultor del “antifútbol”.

Para su discípulo más avanzado, Carlos Salvador Bilardo, Zubeldía fue el “gran adelantado y revolucionario del fútbol argentino”.
Y el mismísimo Francisco “Pacho” Maturana, representante de una escuela opuesta, supo reconocer que Zubeldía “Marcó un antes y un después en el fútbol colombiano. Él nos enseñó que el trabajo es la clave fundamental para el éxito”.

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