El 2001 que no fue

Por José Cornejo

El escenario social hacia diciembre de 2020 era muy delicado. Fue un año en que la economía mostró la peor performance de su historia. La pandemia y las deudas heredadas del gobierno anterior pusieron al Ejecutivo en una situación extrema. 

Por su parte, algunos medios masivos aportaban su cuota de confusión, denostando la vacuna rusa Sputnik V y publicando en letra catástrofe que cada usurpador recibiría 50 mil pesos. Sobre el final del año, el Poder Ejecutivo vetó el cuarto Ingreso Familiar de Emergencia, un bono de 10 mil pesos, profundizando las inquietudes respecto de la situación social. 

Sin embargo, un relevamiento realizado por la periodista Ana Mársico para Agencia Paco Urondo demostró con antelación que las manifestaciones se estaban desmovilizando. Las razones son debatibles, pero es un punto que debe sumársele al presidente de la Nación y al menos visible rol del gobernador bonaerense Axel Kicillof. 

El estudio tomó las protestas publicadas diariamente en medios nacionales. Se tomó como “protestas” aquella manifestación en el espacio público físico, no en las redes sociales. Se estableció un promedio de manifestaciones de los últimos cinco días, para darle coherencia a la tendencia y evitar una sinusoide ilegible. El informe a su vez fue cotejado con académicos de la UMET, que tiene su propio observatorio social, y las tendencias se mostraban similares. Los datos obtenidos en tiempo real fueron los siguientes:

Ocurrieron varias cosas. El ministerio de Salud de la Nación fue habilitando actividades productivas, lo que generó cierto alivio a quienes buscaban empleos y a varias patronales. Muchas organizaciones sociales son parte del gobierno nacional y entendieron lo aguda de la situación. 

La provincia de Buenos Aires por sí sola distribuyó alimentos para casi 5 millones de beneficiarios (sí, seis ceros), de los cuales más de la mitad pertenece al Servicio Alimentario Escolar, un millón de cajas navideñas y el resto refuerzo alimentario distribuido directamente. Además de una profusa articulación con iglesias barriales, ONGs, sindicatos y activismo de base que peinaron los barrios más humildes del Gran Buenos Aires, tales como Guernica, Villa Itatí, Manantiales, Barrio Stone, Barrio Garrote y un largo etcétera.

El camino hacia marzo y abril

No obstante, el mismo relevamiento también señala la tendencia contraria. Desde enero la protesta viene subiendo sostenidamente.

En el creciente ciclo de manifestaciones tiene elementos coyunturales y otros de largo aliento. En los puntuales están las marchas contra los presos políticos y las de la legalización del aborto. Si bien la primera causa puede repetirse y las organizaciones feministas tienen más reclamos, a priori no se visualiza un relanzamiento de su agenda.

Las marchas que van in crescendo son las actividades laborales más precarizadas, como la mensajería, aquellos que quieren que se habilite o se reduzcan las prohibiciones, como los gastronómicos y las organizaciones sociales, cuyo reclamo por alimentos, chapas y colchones va aumentando. Hay que sumar también el activismo republicano o libertario, que no ha dejado de protestar ni siquiera en los momentos más duros de la pandemia.

Marzo va a tener el condimento extra del complejo inicio de clases y la negociación paritaria de muchos gremios. El gobierno nacional debería tomar nota de estos datos.

* Director Agencia Paco Urondo www.agenciapacourondo.com.ar. Licenciado de Comunicación Social y titular de la cátedra Géneros y Formatos de la Facultad de Periodismo, UNLP.

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