En «Ontology», Roxana Amed «visita al jazz desde raíces argentinas»

Sólo uno de los 14 temas de "Ontology" fue compuesto por Amed.

Sólo uno de los 14 temas de «Ontology» fue compuesto por Amed.

Roxana Amed, cantante y compositora argentina radicada desde 2013 en Miami, Estados Unidos, publicará el 9 de abril su octavo disco, “Ontology”, donde, asegura, “más me acerco a reflejar mi identidad al visitar al jazz desde mis raíces argentinas”.

Durante una entrevista con Télam, Amed señala que “’Ontology’ es el disco que en lo musical y en lo poético más se acerca a reflejar su identidad ya que «fue el resultado de los discos anteriores, de muchas preguntas y algunas respuestas, y de varios años de convivir con otras raíces en Estados Unidos y de tejer un lenguaje con materia de esos dos mundos”.

La atractiva sonoridad que propone la artista parece posarse en una síntesis entre su experiencia en los clubes de jazz más importantes de Nueva York (como solista o como invitada de Guillermo Klein y Emilio Solla entre otros) y sus frecuentes viajes a la Argentina (para conciertos con la Sinfónica Nacional, un tributo a Astor Piazzolla en el Festival Internacional de Jazz de Buenos Aires y abrir la presentación de Snarky Puppy en el Colón).

En las 14 estaciones de “Ontology” Roxana compuso sola la pieza que da título a la placa, “Milonga por la ausencia”, “Goodbye, RoseSt.” y “Winter” y creó otros cuatro con el pianista Martín Bejarano (“Chacarera para la mano izquierda”, “Last happy hour”, “El regreso” y “Amor”) y versiona “Danza de la moza donosa” y “Danza del viejo boyero” (ambas de Alberto Ginastera) y “Blue in green (Skyandsea)” (de Bill Evans y Cassandra Wilson).

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«Amor», uno de los temas del nuevo álbum de Roxana Amed

-Roxana, ¿qué características tiene el maridaje entre lo local y el jazz que proponés en “Ontology”?

-Por un lado implica un análisis de la música en particular, su ritmo, la estructura de sus melodías. No en todas las canciones pueden convivir las dos tradiciones. Ese fue un trabajo delicado como productora que fui haciendo con el tiempo. Y después el discurso poético es otro desafío. Escribir letras en ambos idiomas era fundamental para mi universo verbal, siempre fue así en casi todos mis discos. Pero cada idioma implica diferentes producciones vocales, y también siempre he querido trabajar con el sonido musical que funcione para ambas lenguas. Mucho que producir, muy delicado el trabajo y apasionante.

-¿Cuál es el significado de “Ontology” en tu recorrido discográfico?

-Creo que es el más profundo, el que tiene mucho de mí, fue construido lentamente con mucho pensar y sentir, y no solo por mi presencia concreta como cantante o compositora sino como productora o curadora de mi misma, y por la impecable colaboración de mis colegas que dijeron lo que yo no puedo decir.

-¿Qué otros desafíos impuso “Ontology”?

-Creo que lo más difícil fue reencontrarme o re-construirme a partir de la mudanza. Viajé casi 30 veces a Argentina en estos años a hacer conciertos, a dar clínicas. Requirió toda mi energía física y mental, mi paciencia con la vida y el amor por la música que estaba haciendo para no perder la inspiración y la memoria. Mientras tanto hice una maestría, conseguí trabajo en dos facultades, salí a tocar en los pocos lugares disponibles, viajé muchas veces a Nueva York a colaborar con mis amigos músicos que como los de Miami me salvaron la vida. Ellos y Dany, mi esposo genial.

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La versión de «Durazno sangrando» de Roxana Amed

-¿Cómo y por qué aparece Alberto Ginastera en esa selección para “Ontology”?

-Martín Bejerano, tremendo pianista y gran compañero de ruta en este viaje tocaba esa suite de Ginastera, como muchos pianistas del mundo. Nos pareció genial llevarla al lenguaje de la improvisación, al scat en el caso del “Viejo Boyero” y agregarle letra a la “Danza de la moza donosa”.

-Al repasar la nómina también llama la atención “Blue in green” ¿A qué obedece la inclusión de ese tema?

-Además de ser uno de los temas más hermosos en el repertorio del jazz norteamericano en mi opinión, la letra de Cassandra Wilson describía exactamente el punto en el que yo me encontraba en estos años: “navegando hasta encontrar la luz de un puerto… nuestra casa”. El arreglo que hizo Kendall Moore terminó de darle al tema lo que necesitaba para incluirlo.

-¿Sentís que el disco puede tender nuevos puentes para con la música argentina en la escena estadounidense?

-Me encantaría que así fuera. Somos muchos músicos llevando nuestras raíces al exterior. Pero esto no es world music, o folclore, o tangos tradicionales, así que puede ser que esto tamizado por mi identidad justamente lo haga más abierto. En mis conciertos en Estados Unidos siempre hacemos música argentina y música original y ha sido una sorpresa para muchos conocer el repertorio de autores como el de “Cuchi” Leguizamón.

-¿Qué es lo que más interesa allí de la música argentina?

-Depende de las comunidades. Obviamente en Nueva York interesa todo siempre. Es una audiencia entrenada para lo nuevo y las mezclas se aprecian como una evolución de las tradiciones. Miami es más conservador. La música latina es principalmente caribeña. Hay algo de tango argentino, pero con propósitos más turísticos no necesariamente como un polo de investigación o transgresión.

-¿En qué consistió el trabajo desplegado para la interpretación?

-Por un lado el desafío de cantar en inglés y en castellano implica construir un sonido para que aún con los cambios de colocación de cada idioma (incluso de cada región, ya que nuestro castellano en Argentina es diferente en colocación y timbre que el de Cuba, por ejemplo) haya fluidez de una canción a otra. Para mí siempre la convivencia de las mezclas estuvo en mi sonido, no creo que haya una fusión real si las armonías renuevan y los ensambles renuevan y el cantante canta con sonido tradicional o lírico, o con espontaneidad sin entrenamiento… Es mi objetivo siempre mejorar en ese aspecto.

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