Empieza el juicio por el secuestro y la muerte de una adolescente de 15 años en Flores

Xiomara Naomi Méndez, de 15 años, en noviembre de 2018 fue capturada a la salida de una escuela de Flores.

Xiomara Naomi Méndez, de 15 años, en noviembre de 2018 fue capturada a la salida de una escuela de Flores.

 
Dos hombres comenzarán este miércoles a ser juzgados por el secuestro extorsivo seguido de muerte de Xiomara Naomi Méndez, una adolescente de 15 años que en noviembre de 2018 fue capturada a la salida de una escuela del barrio porteño de Flores y hallada asfixiada en el auto en el que la tenían cautiva, pese a que su familia ya había pagado un rescate, informaron hoy fuentes judiciales.

El caso sigue bajo investigación de la justicia federal no solo porque aún resta identificar y detener a más partícipes del hecho, sino también por sus posibles vínculos con el narcotráfico, ya que además de dinero los secuestradores pidieron como rescate dos kilos de cocaína que finalmente no se entregaron.

El juicio comenzará a las 7.30 en una audiencia que será virtual por los recaudos ante la pandemia del coronavirus y estará a cargo del Tribunal Oral Federal 6, integrado por los jueces Sabrina Namer, Rodrigo Giménez Uriburu, Guillermo Costabel.

La acusación, en tanto, estará en manos de la fiscal federal de juicio Gabriela Baigún.

Los dos imputados que llegan detenidos en cárceles federales son Bruno Martín Cortez y Luis Alberto Fernández, un remisero al que la víctima consideraba como un “tío de afecto”

Los dos imputados que llegan detenidos en cárceles federales son Bruno Martín Cortez (38) y Luis Alberto Fernández (43), un remisero al que la víctima consideraba como un “tío de afecto”, ya que había sido pareja de una cuñada de su madre.

Cortez será asistido por la defensora oficial María Verónica Blanco y Fernández por la también defensora pública María Fernanda López Puleio.

Ambos enfrentarán una imputación por “secuestro extorsivo quíntuplemente agravado por haber obtenido el pago del rescate, por ser la víctima una menor de edad, por la existencia de un vínculo de respeto, por la intervención de varias personas y por causar intencionalmente la muerte de la víctima”, delito que prevé como única pena la prisión o reclusión perpetua.

También los acusan por otros delitos como “resistencia a la autoridad agravada, encubrimiento por receptación y portación de arma de fuego”.

En el requerimiento de elevación a juicio -al que tuvo acceso Télam-, la fiscal federal que realizó la instrucción, María Alejandra Mángano, dio por probado que el hecho ocurrió entre el 20 y 21 de noviembre de 2018 cuando “Fernández y Cortez sustrajeron, retuvieron, ocultaron a la joven menor de edad a quien intencionalmente le provocaron la muerte”.

El caso

La adolescente de 15 años, hija de inmigrantes peruanos, fue secuestrada a las 17.15 del día inicial del hecho cuando salió del Liceo número 5 “Pascual Guaglianone”, ubicado en Carabobo 297.

La adolescente fue interceptada por un hombre -luego identificado como Fernández, conocido de la familia- que le gritó “Naomi”, por lo que la chica le dijo a una amiga “me vinieron a buscar” y se subió a un Fiat Duna rojo.

Media hora más tarde, la madre de la adolescente recibió desde el WhatsApp del celular de su propia hija, el primer mensaje de audio extorsivo: “Patri, tengo a tu hija Naomi. Llamame rápido, urgente”.

En el siguiente mensaje, cuyas transcripciones constan en el expediente, se escuchan los llantos de la menor de edad y al secuestrador pidiéndole a la chica que le diga a su madre dónde estaba y qué le había pasado.

Me das 50.000 pesos y dos kilos y te la largo ya, sino, no la ves más”, fue el primer pedido de rescate en el que el captor no sólo exigía dinero, sino también cocaína.

“Llego a 30.000 pesos, no llego a más, por favor. ¿De dónde te voy a conseguir eso?”, le respondió la madre de Naomi en referencia a la exigencia de la droga, a lo que el secuestrador contestó: “Conseguime los dos kilos, vos sabés dónde conseguir, no te hagas la tonta”, según las transcripciones de la causa.

La mujer realizó la denuncia en la comisaría comunal 9 de la Policía de la Ciudad y de inmediato el caso comenzó fue derivado como un secuestro en curso a la fiscal federal Mángano y a la División Operativa Central del Departamento Investigación de Secuestros Extorsivos de la Policía Federal (PFA), que intervino las líneas telefónicas y realizó los seguimientos.

Pasada la medianoche, tras seguir las indicaciones de los captores, la madre de la adolescente acompañada por uno de sus hijos, pagó un rescate de 30.000 pesos que dejó detrás de la rueda de un auto estacionado frente a una gomería en el cruce de las avenidas Chiclana y Boedo.

“Yo cuento la plata y la suelto”, le dijo uno de los delincuentes, pero la promesa no se cumplió, ya que a esa hora, por lo que luego determinó la autopsia, Naomi ya estaba muerta.

Los secuestradores que se movilizaban en el Fiat Duna rojo pararon a unas cuadras de donde cobraron el rescate para hablar con los ocupantes de un automóvil blanco, que se sospecha también pudieron participar del hecho, recibir parte del rescate y aún no fueron identificados por la justicia.

Todo terminó unas horas más tarde, con Fernández y Corte detenidos tras una persecución por el Acceso Oeste, que terminó con los presuntos secuestradores chocando en la bajada del peaje de la localidad bonaerense de Ituzaingó.

Adentro del auto, la policía encontró muerta en el piso de la parte trasera a la adolescente, que estaba tapada con una frazada, con la cabeza cubierta por un buzo, amordazada y cinta de embalar alrededor del cuello, donde a su vez tenía una varilla de madera sujeta a modo de torniquete y una soga atada al cinturón de seguridad.

La autopsia determinó que la víctima murió producto de una “asfixia mecánica por compresión cervical” y que el deceso se produjo entre las 22 y la 1 de la madrugada.

En el auto secuestraron 15.200 pesos -la mitad del rescate-, una pistola calibre 9 milímetros, una cuchilla de 15 centímetros, precintos plásticos y un bidón de cinco de litros de nafta y fósforos que hacen presumir que la intención de los secuestradores era ir a descartar e incinerar el cadáver.

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