Los 100 días de Lasso, sin cambios económicos sustanciales y enfocado en la vacunación

Lasso centra los esfuerzos de su Gobierno en alcanzar la meta de los 9 millones de vacunados.

Lasso centra los esfuerzos de su Gobierno en alcanzar la meta de los 9 millones de vacunados.

A 100 días de haber asumido la Presidencia de Ecuador, Guillermo Lasso centra los esfuerzos de su Gobierno en alcanzar la meta de los 9 millones de vacunados contra el coronavirus, mientras su gestión supera el 70% de aprobación, pese a que sus promesas de reestructuración económica siguen sin aparecer y expertos coinciden en que “la luna de miel” está cerca de su final.

“Han sido 100 días en los que el Gobierno no se ha mostrado con iniciativa, con discurso. Es un Gobierno muy cauto, que apostó gran parte de su gestión inicial a la vacunación. Ese es el único elemento de quiebre con relación a Lenín Moreno”, explicó a Télam Franklin Ramírez, profesor e investigador del Departamento de Estudios Políticos de Flacso Ecuador.

Desde que Lasso asumió como mandatario el 24 de mayo pasado, la expectativa estuvo puesta en cómo saldría de la doble crisis económica y sanitaria que atraviesa el país, pero hasta ahora no hubo indicios de la reforma tributaria planteada durante su campaña, con la que crearía 2 millones de empleos, elevaría el salario mínimo a 500 dólares, duplicaría la producción petrolera, generaría facilidades crediticias y reduciría la tasa de interés e impuestos, como el aplicado a la salida de divisas.

“Es un Gobierno muy cauto, que apostó gran parte de su gestión inicial a la vacunación. Ese es el único elemento de quiebre con relación a Lenín Moreno”

Franklin Ramírez, profesor e investigador

El extitular del Banco de Guayaquil, exGobernador y exMinistro de Economía de 65 años eligió, en cambio, concentrarse en su promesa de inmunizar a 9 millones de los más de 17 millones de habitantes en los primeros 100 días: según los últimos datos hay poco más de 7,7 millones de vacunados con la pauta completa.

“Esta promesa le consumió gran parte de la energía política al Gobierno. El plan ha avanzado con relativo éxito y ha sido como oxígeno. En un momento, incluso, parecía que podía evitar cierta conflictividad o contener ciertas demandas sociales, pero en las últimas semanas se vio que la vacunación como recurso de legitimación política está llegando a su límite”, precisó Ramírez.

Y acentuó: “Se empezó a expandir cierta sensación de conflictividad aunque no hubo anuncios contundentes”.

Según los últimos datos hay poco más de 7,7 millones de vacunados con la pauta completa.

Según los últimos datos hay poco más de 7,7 millones de vacunados con la pauta completa.

Movilizaciones y demandas

A principios de agosto, Lasso enfrentó su primera protesta en Quito de parte de las centrales sindicales y organizaciones indígenas en reclamo de medidas económicas para los sectores más necesitados y, centralmente, del congelamiento del precio de los combustibles, una consigna que unificó a varios grupos, se replicó en varias provincias, pero que no alcanzó para que el mandatario cambiara su postura.

Para la politóloga e investigadora del Cato Institute, Gabriela Calderón de Burgos, estas movilizaciones no son nuevas y, por eso, prefiere hacer foco en la aprobación de distintos sectores a una mayor apertura económica.

“Hay muchos grupos de interés que se resisten a las prioridades del Gobierno y Ecuador tiene un sector agrícola y avícola que no se liberalizó durante la ola comercial de los 90. Sí es nuevo que gremios de industria y de comercio, y gran parte de la academia vean con buenos ojos buscar una mayor apertura luego de 15 años de darle la espalda al resto del mundo”, remarcó.

Según la consultora Cedatos, el nivel de aceptación de Lasso pasó del 71,4%, cuando asumió la Presidencia, al 73,5% en agosto, impulsado por la campaña de vacunación.

Reformas que no llegan

Si bien Calderón de Burgos destacó que Lasso ya tenía preparadas medidas de acción rápida antes de asumir, como “el retorno a clases, la liberalización de tarifas de importación de insumos para industrias o seguridad jurídica para inversores”, reconoció, al igual que Ramírez, que las principales reformas que había planteado no se concretaron.

Desde lugares ideológicos bien distintos, ambos analistas concuerdan en que este período de “luna de miel” de los primeros 100 días de gestión cuenta con fecha de expiración, pero difieren en los motivos por los cuáles las reformas aún no se anunciaron: mientras Calderón de Burgos se centra en los balances de los Gobiernos anteriores, Ramírez lo adjudica a una correlación de fuerzas desfavorables.

“Hubo mucha contabilidad creativa en las administraciones anteriores. Hay una brecha de financiamiento de por lo menos 13.000 millones”, según la investigadora de Cato.

Analistas concuerdan en que este período de "luna de miel" de los primeros 100 días de gestión cuenta con fecha de expiración.

Analistas concuerdan en que este período de “luna de miel” de los primeros 100 días de gestión cuenta con fecha de expiración.

Hasta ahora, el presidente no intervino ninguna reforma estructural que Moreno implementó en 2018, tras el acuerdo con el FMI, y que siguen delineando el rumbo económico y esta aparente inercia coincide con un reacomodo de las atomizadas fuerzas de la oposición, aún en proceso.

Hay mucho temor en ciertos sectores de que esta administración no haya aprendido lo que se perciben como errores de Mauricio Macri en la Argentina. Creo que hay ventanas de oportunidad, que no son muy largas, en que uno puede emprender reformas que sean eficaces y reformas que resisten incluso el paso de Gobiernos radicales, como fue la dolarización”, especificó Calderón.

Según Ramírez, “todo parece indicar que la debilidad de Lasso en la Asamblea (Parlamento) generó un freno de toda iniciativa política del Gobierno” y destacó: “Preveía un Gobierno reformista y presente, pero se ve un Gobierno cauto, que surfea las reforma estructurales de 2018 y que prefiere no tener iniciativas a perder votaciones en la Asamblea, aunque sus discursos enfatizan siempre la idea de la austeridad, de privatizaciones, de continuidad de la ruta económica”.

En el Congreso ningún partido puede controlar por sí solo la mayoría.

El oficialista Creo evitó la alianza de gobernabilidad con la fuerza correista UNES y su aliado electoral Partido Social Cristiano, y la distancia entre el correísmo y el partido indigenista Pachakutik impide que un frente progresista conduzca el Parlamento, lo que se traduce no solo en una parálisis, sino también, según cifras de Cedatos, en una caída de casi un 3% en la credibilidad en los legisladores, al pasar de 23,5% en junio al 20,9% en agosto.

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