Diez años sin Carlos Fuentes, el narrador que inauguró el boom latinoamericano

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Fuentes recibió los premios más importantes en español: Rómulo Gallegos, el Cervantes y el Príncipe de Asturias.

El 15 de mayo de 2012 moría el novelista y ensayista mexicano Carlos Fuentes, autor de clásicos latinoamericanos como “La muerte de Artemio Cruz”, “Aura”, “Terra Nostra” y en especial de “La región más transparente” -considerada por la crítica como la novela que inicia el boom latinoamericano- y quien decía escribir “para evitar la muerte, como Scherezade», en alusión a la mítica protagonista de «Las mil y una noches».

Fuentes nació en 1928, en la ciudad de Panamá. Hijo de una familia de diplomáticos, pasó gran parte de su vida en el extranjero. De niño vivió en Santiago, Washington D.C., Río de Janeiro, Buenos Aires, Montevideo y Quito. Recién a los 15 años se estableció en la Ciudad de México, escenario de gran parte de su ficción. Fuentes recibió los premios más importantes en español: el Premio Rómulo Gallegos en 1977, el Cervantes en 1987 y el Príncipe de Asturias de las Letras en 1994.

Aunque muy pocos críticos aprobaron su primera novela, »La región más transparente», con los años se ha convertido en un clásico y marca el comienzo de el boom en la literatura latinoamericana. Desde entonces, Fuentes ha acumulado una de las obras más grandes en español.

El texto, escrito en 1958 está construido en torno a la historia de Federico Robles, quien ha abandonado sus ideales revolucionarios para convertirse en un poderoso financiero. Una crítica cercana a la que trazó lateralmente en «Pedro Páramo» su colega Juan Rulfo. La historia también ofrece «una presentación caleidoscópica» de la ciudad de México, convirtiéndola tanto en una «biografía de la ciudad» como de un hombre individual. La novela fue celebrada no solo por su prosa, que contiene un uso intensivo del monólogo interior y las exploraciones del subconsciente, sino también por su retrato descarnado de la desigualdad y la corrupción moral en el México moderno.

En 1959, Fuentes se mudó a La Habana a raíz de la Revolución Cubana, donde escribió artículos y ensayos a favor de Castro.

A mediados de la década de 1980 comenzó a conceptualizar su ficción total, pasada y futura, en catorce ciclos denominados «La edad del tiempo«, bajo el fundamento de que su obra total es una extensa reflexión sobre el tiempo.

La escritora María Rosa Lojo señala a Télam que el título de la obra es el nombre que Fuentes eligió para su narrativa, organizada en quince tomos: «como Paul Ricoeur, el narrador sabía que el relato es la forma del tiempo por excelencia. Que las ficciones son las que llevan al tiempo a sus límites con la eternidad, y las que saldan, desde la imaginación creativa y productiva, las asignaturas pendientes de la Historia», destaca.

La autora de «La princesa federal» recuerda que el autor de «La muerte de Artemio Cruz» supo decir que «el pasado es nuestra agenda» en su libro «La gran novela latinoamericana». Para la ensayista, «especialmente es la agenda de Latinoamérica, tierra de la utopía incumplida, que a través de sus artistas, sueña el pasado y recuerda el futuro».

«Las tres modulaciones de la utopía latinoamericana son también los ejes constructivos y problemáticos de su obra monumental: el deseo de lo que es (realismo de Maquiavelo), el deseo de lo que debe ser (mundo ideal de Tomás Moro), y el relativismo crítico: la gran tradición de Cervantes y Erasmo, en la que se inscribió, sin duda, como novelista», detalla Lojo.

Por su parte la escritora argentina Luisa Valenzuela explica que además del «gran escritor polifacético, omnívoro y brillante que todes conocemos, Fuentes fue un incansable promotor de la cultura. Entre otras tantas acciones creó la Cátedra Alfonso Reyes en el Instituto Tecnológico de Monterrey para que ingenieros y demás especialistas tuvieran un contacto directo con las humanidades. Y, más emocionante aún para nosotros, cuando obtuvo el Premio Nacional de México decidió, junto con García Márquez que ya lo tenía, destinar sus sendos estipendios anuales para crear no solo la Cátedra sino también la Casa Julio Cortázar en Guadalajara».

Valenzuela tuvo el privilegio de formar parte del consejo consultivo de la primera, y la segunda le despertó la idea de escribir un libro sobre ambos: «Cortázar/Fuentes. Entrecruzamientos».

«Fue maravilloso y sorprendente ir descubriendo en el transcurso de la investigación todos los puntos de contacto que tenían estos dos enormes escritores tan disímiles que tanto se apreciaban», dice.

Para Lojo, «Fuentes es una figura señera del llamado boom latinoamericano, llevó la historia local mexicana en particular, y la historia latinoamericana en general, a una proyección y dimensión de alcances largamente internacionales: la inolvidable ‘Gringo viejo’, luego filmada con Gregory Peck en el papel protagónico, es una de estas novelas, que conjetura el final posible de Ambrose Bierce, dispuesto a justificar lo que le queda de vida comprometiéndose en los avatares de la Revolución Mexicana».

«O ‘La muerte de Artemio Cruz‘, donde el monólogo del moribundo retrocede en la memoria hasta su nacimiento como el hijo bastardo de Isabel Cruz, entre el pueblo al que alguna vez sirvió, y al que ha dejado –junto con el amor- en el camino de la ambición», acota.

Así nace su personaje más célebre, Artemio Cruz, un soldado corrupto, político, periodista, magnate y amante. Durante la trama el protagonista yace en su lecho de muerte. Recuerda los acontecimientos que moldearon su vida, desde la Revolución Mexicana hasta el desarrollo del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Su familia se amontona, presionándolo para que revele la ubicación de su testamento. Un sacerdote proporciona la extremaunción, buscando una confesión en el lecho de muerte y la reconciliación con la Iglesia, mientras Artemio se entrega a pensamientos obscenos sobre el nacimiento de Jesús. Su secretario privado ha venido con cintas de audio de varios tratos corruptos. Acentuando el sórdido registro de la traición está la conciencia de Cruz de su cuerpo decaído y su profundo apego a la vida sensual. Luego la muerte eterna.

Lojo señala que las obras del escritor surgen «en la frontera de la Historia y el mito, de la realidad y el sueño, de la política y la metafísica, de lo natural y lo sobrenatural; en el cruce de lenguas y de culturas, en la narración que lleva inscrita su propia crítica».

Hace diez años, el 15 de mayo de 2012, Fuentes murió en el hospital Ángeles del Pedregal en el sur de la Ciudad de México a causa de una hemorragia masiva. Lo habían llevado allí después de que su médico lo encontrara colapsado en su casa de la ciudad de México.

El premio Nobel peruano Mario Vargas Llosa afirmó entonces que «con él perdemos a un escritor cuya obra y cuya presencia dejó una profunda huella», en tanto que el presidente francés, François Hollande, llamó a Fuentes «un gran amigo de nuestro país» y afirmó que Fuentes había «defendido con ardor una idea sencilla y digna de la humanidad».

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